Desayuno en el hotel. Dejamos atrás Bangkok rumbo a Ayutthaya, la que fue capital del reino de Siam durante más de cuatro siglos. Cuesta imaginarlo hoy, pero en su época de esplendor llegó a albergar cerca de un millón de personas, más habitantes que ninguna capital europea de entonces. No es casualidad que potencias como Portugal, España, Francia, Inglaterra, China o India enviaran aquí a sus embajadores: Ayutthaya era, sencillamente, uno de los grandes centros del mundo. Todo eso cambió en 1767, cuando el ejército birmano arrasó la ciudad y obligó a los siameses a huir hacia el sur. Allí, a orillas del río Chao Phraya, nacería una nueva capital: Bangkok. Lo que queda de Ayutthaya —ruinas que abarcan del siglo XIV al XVIII— es hoy Patrimonio Mundial de la UNESCO y uno de los rincones más evocadores de Tailandia. Recorreremos su Parque Histórico deteniéndonos en cuatro templos imprescindibles: El Wat Mahathat, famoso por una imagen que ha dado la vuelta al mundo: la cabeza de un buda de piedra atrapada entre las raíces de un árbol, como si la propia naturaleza hubiera decidido custodiarla.
El Wat Yai Chai Mongkol, con su gran chedi que domina el horizonte. El Chai Wattanaram, de una belleza especialmente intensa al atardecer. Y el Wat Phra Si Sanphet, antiguo templo real y corazón ceremonial del reino. Aunque el ataque de 1767 dejó buena parte de estos templos en ruinas, su fuerza visual sigue intacta: son, sin duda, algunos de los rincones más fotografiados de todo el país.
Un consejo práctico: para acceder a los templos es necesario vestir pantalón largo y camiseta de manga, así que conviene tenerlo en cuenta antes de salir.
Regreso al aeropuerto de Bangkok, trámites de facturación y embarque en vuelo doméstico con destino a la paradisiaca isla de Phuket. Llegada y traslado al hotel. Alojamiento.